sábado, 12 de diciembre de 2009

Qué hacer tras montar los muebles

Usarlos, claro.

Lo apropiado ahora sería hacer un chiste sobre pensar "out of the box", pero la traducción que hay establecida como "pensamiento lateral" no es tan eficaz. Lo que haces cuando has montado los muebles, como las puertas de estantería que hemos estado ayudando a colocar este último puente, es sacarle partido a la enorme cantidad de cajas de cartón ondulado con que has terminado. Ilustraré la entrada con dos ejemplos claros, desarrollados para deleite de una niña de tres años y medio y de los escasos lectores de este blog.


La niña en cuestión tiene platos de plástico, verduras de madera, tazas de colores y una cama de patas largas bajo la que puedes meterte. No es mal comienzo, pero verse con tanta materia prima tiene por fuerza que darte ideas. El primer paso es el de copia: "los de Ikea venden estas paredes tan chulas hechas de tela, puedes cerrar el bajo de la cama y convertirlo en una casita". O puedes emplear la caja de una estantería del ikea que compraste en el viaje anterior y montar la casita por menos de lo que te cuesta el aparcamiento. Primer proyecto de la mañana: el Palacio del Alba.





La parte fácil es hacer una ventana con una de las cajas pequeñas, usando sus mismos pliegues para tener unas contraventanas que puedan abrirse. Es muy socorrido lo de tener imanes de nevera repetidos que puedan pegarse en el centro, para que la ventana quede bien cerrada cuando haga falta.

La parte MUY fácil es coger la caja enorme de la estantería y cubrir una de las caras y parte de la otra. Basta con abrir algunos agujeros y pasar varias vueltas de cuerda o hilo grueso (uno más fino cortaría a través del carton) para que todo quede colgado del somier. Lo de hacer una puerta es un golpe de cutter, y de nuevo la misma guitarra del cartón se encarga de que todo doble en la dirección apropiada.

Y ahora al interior. Lo de la cocinita ya estaba apañado de antemano, pero como la gente no come entre fogones ni (salvo en ciertos países) en el suelo, falta una mesa. ¡Deseo concedido!



De nuevo, caja sobre caja: el tablero es la que solía albergar una de las puertas pequeñas, es una caja fina y con algún refuerzo interior. Las cuatro patas contenían tornillos y piezas de puertas más grandes, y llevan cortada una muesca de unos 4cm en paralelo al borde corto. Eso significa que ahuecando cuatro rectángulos se pueden encajar y deslizar las patas sin posibilidad de que se descuelguen al levantar la mesa. Atentos al ángulo: al poner las patas giradas en planos diferentes se evita que todas caigan en paralelo en una misma dirección si la mesa recibe demasiado peso.

Aparte, para evitar que las patas tumben, se les ha cortado una pequeña cuña en cada lado que las mantiene perpendiculares al tablero. Todo my low-tech, pero se ha defendido bien ante los embates de su usuaria.



Vale, igual tanto bricolaje no tiene demasiado que ver con la ingeniería del papel. Es interesante echar un ojo a gente que le ha sacado mucho más partido que yo al cartón ondulado, como los de OkupaKit. El cartón es una joya de material, es ligero, barato, resistente y apto para pintar. ¡Pintar! ese será el próximo proyecto: dar color al palacio del Alba, que ahora mismo es marrón reciclaje. Pasadlo bien, haced cosas, contadlas. Hasta la próxima entrada.

P.D. En el mercado anticapitalista de Santo Domingo he empleado mi sucio, sucio dinero en comprar un kit de energía solar. Es pequeño y apañado, perfecto para meter algo interesante en un pop-up. A ver qué sale...

1 comentario:

Raquel dijo...

Al ver la primera foto te iba a decir si no ha sido más trabajoso hacer eso que montar los muebles del ikea, pero lo has contado como algo fácil. Ahora al parecer eres ingeniero del cartón.

¡Un kit de energía solar! ¿Qué llevaba? ¿Cuánto te costó?