Mi madre me contó hace unos meses algo muy peculiar que pasó bastantes años atrás. Estarían los 90 recién entrados cuando en la guardería nos empezaban a enseñar a escribir, y yo volvía a casa con la carpeta llena de papeles con la letra "a" la "g" y demás caracteres. Por las tardes explotaba este recién obtenido talento escribiendo cualquier bizarrez que me pasara por la cabeza mientras mi hermano David jugueteaba por mi alrededor o me daba mordiscos.
Al parecer, poco después, mi hermano sufrió un cambio de tendencia artística: lo que antes fueron formas y figuras abstractas que él defendía vehementemente como un sol, una casa y un perro, ahora eran garabatos horizontales que se seguían paralelos por el papel. Mi madre tardó poco en atar cabos, poniendo juntos los nuevos experimentos de David y mis escritos tempranos: las líneas quebradas de mi hermano eran palabras, o al menos para él lo eran; había entendido que en esos garabatos sinuosos que yo ponía en mi carpeta había algo importante, y quería repetirlo él también.
Y así es, dejando de lado soles, casas y perros, como mi hermano empezó a escribir.
Feliz 20 cumpleaños, David.