domingo, 28 de febrero de 2010

Back in business

Esta entrada tiene banda sonora:


¡Buenos días! Hoy termina el mes de triple trabajo que anunciaba en la pasada entrada. Ha sido bastante manifiesto, y el trabajo me ha dejado bastante quemado (mañanas y tardes desaparecidas, fines de semana no tan recuperadores), pero en general ha sido una cosa positiva. El trabajo como diseñador de interfaces con Droiders pasa a una nueva fase: de contratantes a clientes. Hasta que esté claro qué camino va a tomar esta gente los sigo teniendo más o menos a mano y desarrollando cositas para iPhone y Android. De hecho, de fábula me está viniendo, porque mientras tanto tengo ocasión de trastear con algunos móviles interesantes y de ir aprendiendo más cosas sobre el trato con apps táctiles.

Aparte, últimamente tengo la impresión de estar encontrando gente apañada por el mundo. Visitas por casa, conocidos de la red, emprendecosas y músicos. O es un poco una racha afortunada o estoy metiéndome en círculos interesantes ¡tanto querer conocer cosas, me estaba perdiendo a la gente! Quiero ver qué partido le saco a todos estos encuentros, qué me enseñan las caras nuevas, y ver también qué me cuentan las caras viejas que tengo algo perdidas de vista.

¡Me quedan dos meses de agencia! Sigo siendo freelance a media jornada (o las 19 horas diarias que el trabajo en estudio me deja) y la búsqueda de posibles clientes no termina, por la cuenta que me trae. Hay un par de posibles proyectos delante que suenan bien, algunos concursos, ¡y el curso de pop-ups, en mayo! Después del mes de vueltas que llevo tendría que estar hecho un trapo, pero este domingo me coge optimista. Será la música.

Con música cierro: anoche me metí a un concierto de esta chica, que entonces estaba faringitosa y afónica, y aun así se comió la sala. Alondra Bentley, cantando "I Feel Alive"

domingo, 7 de febrero de 2010

Hola, Android.

Ya estoy dentro. La primera semana, la de contacto, terminó sin incidentes, y parece que esto de pensar en uso y en interfaz funciona. Ahora me tocaría pasar de la cuchara de palo y empezar a aplicarle el cuento a mi propia web, pero ahora mismo me cuesta dedicar muchos ciclos a la automejora personal.

¡Estoy aprendiendo cosas! Sobre todo estoy familiarizándome con una forma distinta de interacción. No había tenido demasiada ocasión de trastear cara a cara con dispositivos táctiles aparte de la DS antiquísima a la que eché mano este verano, y que me ha servido de cuaderno de pintura más que de consola de videojuegos. Ahora, empleando un HTC Dream que también ha vivido tiempos mejores, estoy comenzando a cogerle el tranquillo a Android.

"Cogerle el tranquillo" en este caso no es ni aprender a desarrollar ni a diseñar para esta plataforma, es aprender a usarla. Afortunadamente ese es el paso principal a la hora de hacer todo lo demás: el diseño de uso e interfaz va exactamente de eso, de saber darle a la gente lo que quiere sin hacerle pensar en cómo. Bien cierto es que la facilidad de uso no es tan extrema como con las virguerías de Apple (un único botón en iPhone y derivados frente a 5 de los terminales Android), pero hay un lenguaje visual común entre aplicaciones al que se le puede sacar partido. ¡Aún mejor! Buena parte de las aplicaciones son código abierto, y lo que aprende un desarrollador lo aprenden todos.

Después de estas primeras semanas de follones ultraveloces antes de la Mobile World Congress de Barcelona vendrá la parte más interesante del trabajo: montar cosas desde 0, mano a mano con los programadores, para hacer aplicaciones que sean útiles, que sean fáciles y que sean agradables a la vista.

¡Esto pinta bien! Nos vemos en la próxima entrada.